4 VIDEOS que te muestran como se hacía la COSMÉTICA NATURAL antes de que se industrializara por completo

El cuidado de la piel es algo importante para todas, y un hábito que heredamos de las primeras civilizaciones. Desde entonces, el culto por el cuerpo llevó a usar distintos productos para mantenerlo protegido e hidratado.

No podíamos esperar menos del cuidado corporal. Desde los primeros registros de las actividades humanas, ya se encuentran datos y recetas de mezclas que, tanto hombres como mujeres, se colocaban en el cuerpo para hidratar sus pieles.

Si nos remontamos a la época de los egipcios, 3000 a.C., los trabajadores que estaban largas horas al sol, al finalizar las jornadas, colocaban aceites de sésamo y ricino para acondicionarla. De esta manera, lograban que sus pieles se volvieran más flexibles y suaves. Más tarde, los griegos, por el año 1000 a.C., incorporaron el aceite de oliva y la miel, que les brindaba un efecto hidratante.

Fueron los romanos los que exploraron las hierbas, además de los óleos naturales y sus propiedades humectantes. Algunas de las más comunes eran las rosas, los jazmines y el limón. Hacían preparaciones y se untaban la piel, al mismo tiempo que la masajeaban para nutrirla y suavizarla.

En la Edad Media, que comenzó en el siglo V, el culto al cuerpo estaba vedado por la religión. Sin embargo, muchos se arriesgaban y se aplicaban miel o leche, o lo que les daba un aspecto más saludable y jovial. Pero todo cambió tiempo después, ya que fueron surgiendo nuevos productos para producirse masivamente.

En 1900 se lanzó la primera pomada, de la mano de Hinds, y fue a base de almendras. Pero recién hacia 1930 se dio el auge de sus usos y comercialización, debido al estallido de las industrias cosméticas.

Avon  empezó en 1929 a industrializar los tratamietnos naturales y cambiarlos por los cosméticos que conocemos hasta hoy.

Años más tarde, se descubrieron nuevos ingredientes para los preparados corporales; muchos de ellos, incluso, se siguen usando hoy en día en distintos cosméticos: la jalea de petróleo y aceites minerales. Estos productos se comercializaban para usar en todo el cuerpo y fueron el paso previo a las cremas, tal como las conocemos hoy en día.

A pesar de estas “innovaciones” todavía existía el uso frecuente de tratamientos totalmente naturales y caseros con técnicas o ingredientes de todo el mundo, dónde usaban mascarillas, envolventes corporales o ungüentos aplicados por profesionales con elementos naturales totalmente frescos.

 

En 1960, el químico Max Huber sufrió un accidente en su laboratorio, que arruinó parte de su piel. Al no conseguir buenos resultados con estas cremas populares de la época, se puso a investigar y 12 años más tarde inventó la Crème de La Mer, un producto para el cuerpo que contenía muchos “nuevos” ingredientes, entre ellos vitaminas C y E.

Además, se inició la evolución constante de las cremas y productos de cuidado personal, aunque no siempre los ingredientes eran totalmente beneficiosos para la piel. Este uso se popularizó tanto que ahora cuesta mucho trabajo regresar a lo natural y sobre todo orgánico, sin parabenos, siliconas plásticas o de productos derivados del petróleo.

Sin embargo,  las cosmética fresca se quedó un tiempo aislada y hasta un poco olvidada. Ahora reinventada vuelve fuertemente con ingredientes sin químicos agresivos, personalizada y hecha con ingredientes orgánicos, pero ejecutada de forma profesional y creativa para obtener los mejores resultados.