Para el budismo, el Nirvana es un estado que se relaciona con la liberación definitiva a la que se accede una vez que se ha recorrido el sendero de la iluminación.

Activa tu GPS espiritual y llega al NIRVANA.

Tal vez te importe llegar o tal vez no, pero lo cierto es que para lograr avanzar en tu camino espiritual, tienes toda una vida para practicar y evolucionar.

Todo ser humano dispone de facultades de autodesarrollo, pero por la vía del trabajo espiritual es como se las puede llegar a desplegar en todo su potencial. Estas aptitudes son, entre otras, la energía, el esfuerzo correcto, la ecuanimidad, la visión de las cosas como son y el sosiego. Como factores de autodesarrollo puestos en acción por la práctica constante de la meditación, impulsan el camino hacia el Nirvana. Esta senda implica una transformación total, una irreversible transmutación de la conciencia para llegar a percibir la realidad última más allá de todo deseo. Desde la perspectiva budista, el Nirvana es un estado incondicionado que no puede ser definido ni sometido a razonamientos.

¿Realmente te gustaría estar ahí?… Entonces tienes que continuar leyendo.

“Para llegar al Nirvana, uno debe conseguir el conocimiento de sí mismo; y el conocimiento de sí mismo es hijo de las buenas obras”. Helena Blavatsky

Entonces no tienes que se un arahant, o sea un santo para intentarlo, por eso tienes que trabajar en ti y en tu alrededor con mente firme y equilibrada. Sé compasivo y amoroso, ten la capacidad de contemplar todos los fenómenos tal cual son y estarás adentro sin que te des cuenta.

El Nirvana implica haber logrado la superación de todo karma, las acciones de la vida que marcarán posteriormente nuestro destino, por lo que se termina el egocentrismo y el sentimiento egoísta de aferrarse a las cosas. Pero no te estreses, esto lo harás, pero en muchas vidas más.

La vida es como una cuenta bancaria, muchos llegan con un deposito enorme, hasta pareciera que con crédito ilimitado, y otros no, pero de nosotros depende mantener bien administrada esa cuenta y que no se agote, porque sino depositamos cosas buenas constantemente, entonces ya no habrá rendimientos sino intereses, recargos y hasta perdidas.

Así al final de la evolución, la persona se libera de apegos y antipatías y vive en un gozoso estado de apertura que le permite una visión clara. Es la superación de todo miedo y de todo condicionamiento interno, y otorga una enorme ecuanimidad, un infinito sosiego y una sensación de libertad suprema. Al ya no generar karma, la persona no engendra sufrimiento ni propio ni ajeno. Como ya no necesita nada, sus palabras están libres de carga positiva o negativa, y se centra siempre en esa energía de precisión, claridad y cordura que es la ecuanimidad. Sigue estando en el mundo, pero ya no es esclavo de sus deseos ni de la insatisfacción sino que ha alcanzado su esplendor. ¡Así que ha trabajar porque hay mucho qué hacer!